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canonical_url: "https://portalnews.ar/contenido/3279/un-recuerdo-sin-olvido"
title: "Un recuerdo sin olvido"
article_type: "Article"
description: "Stehli Alba, nací en Rafaela, Provincia de Santa Fe, Argentina, el 19 de diciembre de 1963. Cursé mis estudios primarios en la Escuela N°482 Manuel Belgrano; secundarios en la Escuela Nacional de Comercio; terciarios en el ISP N°2 Joaquín V. González; y universitarios en la UCSE- Rafaela.  Soy Profesora en Ciencias Económicas y Licenciada En Gestión de Instituciones Educativas. Hasta mi jubilación ocupé cargos como docente y directivo en escuelas de Nivel Medio de la ciudad que habito desde mi nacimiento."
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date_published: "2026-05-10T10:30:00-03:00"
date_modified: "2026-05-15T00:34:36-03:00"
tags:
  - "Cultura, literatura, poesía, lectura, amigos"
author_name: "Valeria Elías"
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author_bio: "Periodista, comunicadora social, escritora."
category_name: "Literatura"
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# Un recuerdo sin olvido

![WhatsApp Image 2026-05-05 at 07.43.50](/download/multimedia.normal.afe3c1062ef9ac3a.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

En lo personal, soy esposa, madre y abuela. Disfruto de la cocina por placer para la familia y amigos.  
Desde hace un tiempo, incursiono en la escritura de relatos breves que intentan rescatar recuerdos de historias escuchadas alguna vez. Para la intimidad familiar escribo poesías de estilo libre para mis nietos.   
Soy miembro de la Comisión Directiva de ERA – Escritores Rafaelinos Agrupados-, y curso regularmente en el Grupo de Escritura que se dicta en sus instalaciones.

**Sus obras**

*Voz de savia*

¿Detrás de las sonrisas?  
el aroma antiguo de tierra mojada,  
escurre lento,  
como el tiempo entre los dedos.

No estaba con mis gestos,  
solo ausencia.  
Eran otros los que miraban  
a través del vidrio frío.

Es áspera la noche,  
que raspa como viento seco  
y deja un murmullo oscuro  
pegado a la garganta.

Es preciso querer.   
Yo ya lo sé,  
aunque duela,   
como sal en la herida.

Allá adentro, en mi frente,  
suena su nombre con voz de savia  
Y todo vuelve a empezar  
El árbol habla. Acércate, ¿lo oyes?

**Alba Stehli**

![ilia-ez10tA4dFXc-unsplash](/download/multimedia.normal.910e5a4b380955e6.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

*Mañana de otoño*

El patio de la casa antigua respiraba marzo con una calma dorada. El piso damero, gastado por los años y los pasos, alternaba baldosas blancas y negras como si todavía jugara a la rayuela con los recuerdos.  
 La mesa rectangular de madera rústica ocupaba el centro, firme y noble, acompañada por sillas de hierro forjado pintadas de blanco, donde el tiempo había dibujado pequeñas escamas de óxido. Debajo, Tano —el perro fiel— dormía echado sobre el piso fresco, apenas moviendo la cola cuando alguna mosca se atrevía a interrumpir su siesta.  
En los macetones de cemento, pintados a mano, crecían geranios encendidos y sansevierias erguidas, guardianas silenciosas de la mañana. Desde una de las paredes colgaba un paraguas negro, inmóvil como un murciélago dormido; a su lado descansaban la escoba y el basurero, junto a otros utensilios de limpieza que aguardaban su turno.  
Las aberturas altas, con celosías verde agua, dejaban filtrar una luz tamizada que dibujaba sombras geométricas sobre el piso interior. Desde lo alto, una enredadera tipo retama coronaba el patio y soltaba pequeños ramilletes de flores amarillas que caían como una lluvia leve.  
Don Tomás acomodó el volumen de la radio portátil, y sintonizó su emisora favorita. Su esposa, a la que cariñosamente nombraba como “la Negra”, con su delantal floreado, cebaba su mate con movimientos pausados, como si cada gesto formara parte de un rito antiguo.   
Él preparaba el suyo en una calabaza pequeña: amargo y no muy caliente. Así, cada uno con el suyo, respetándose los gustos.  
—Escucha, Negra —dijo Don Tomás, inclinando la cabeza—. Siempre me acuerdo de ésta que cantaba Horacio Guaraní.  
Y la radio, como obedeciendo al recuerdo, dejó escapar una voz grave que parecía venir del fondo de la tierra. Tomás murmuró, casi para sí, la frase que le sabía a patria y a camino:  
“Si se calla el cantor, calla la vida”.  
 Ella sonrió, porque sabía que en esa línea su esposo guardaba una historia que no siempre contaba.  
El mate siguió su ronda silenciosa. Una paloma cruzó el cielo en diagonal hacia su nido visible entre las hojas de la enredadera. Tano levantó apenas la cabeza y volvió a acomodarse, confiado.  
—¿Te acordás cuando venían todos los chicos los domingos? —preguntó la Negra, mirando las celosías que vibraban con la brisa.   
Don Tomás asintió. En su memoria, el patio se llenaba de voces, de pasos sobre el damero, de olor a humo y carne en la parrilla. Entonces, como un eco de aquellas sobremesas, la radio dejó oír otra melodía familiar. La mujer acompañó en voz baja, esta vez a los Chalchaleros:  
“Yo soy aquel cantor que viene de lejos”, y su tono tenía algo de caricia antigua.   
La mañana avanzaba sin apuro. Traía un aire fresco que prometía otoño, aunque aún conservaba el perfume del verano. En ese patio, el tiempo no corría: se asentaba.   
Entre mates y canciones, Don Tomás y la Negra conversaban de cosas pequeñas —el trabajo, el vecino nuevo, la última visita de algún nieto, las compras del día— mientras el damero sostenía la escena como un tablero donde cada ficha conocía su lugar.

**Alba Stehli**

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