
Hay cosas que hacemos todos los días sin pensar que dependen de la visión: leer un mensaje, reconocer a una persona que se acerca, cruzar una calle, buscar un producto en una góndola o simplemente orientarnos en un lugar que no conocemos. Recién cuando la visión comienza a fallar advertimos cuánto de nuestra vida cotidiana está atravesado por ella.









