
En la naturaleza poética
Valeria ElíasActualmente se dedica al turismo de aislamiento selvático con su emprendimiento en Finca Teyú en las sierras San Juan, Misiones.

Su trabajo
Sueños verdes
Tu amor está en una hoja en blanco,
estás perdida en mi vocabulario,
en mi desencantado porvenir sin rumbo.
Alguna vez quise de ti algo más
para mis manos,
simulé tener lo que no tuve,
simulé ser feliz.
Ahora soy soledad sin tiempo,
soledad sin tierra firme.
Pensándolo bien,
nunca pude verme,
virtuoso,
en la armonía de tus gestos.
En cambio supe de cielos desplomándose
Sobre el rocío de la mañana.
La mujer no es la noche.
En la que todo se consigue,
porque todo se busca,
porque todo se brinda.
La mujer es al otro día.
al lado,
en tu cama,
cuando despiertas.
Vi en el rosal el tiempo que corría.
Aquel pequeño retoño está en flor
y me ilusiona.
vivo lleno de sueños verdes y esperanzas por florecer.
esperanzas que me apartan,
apenas,
de este ahogo.
Que me invaden,
y que aún no me dejan pronunciar,
con claridad,
el descarnado adiós que necesito.
Eduardo Humeniuk

El anunciador
Hay que eludir urgentemente aquél lugar.
Allá donde se encuentran las voces que no vuelven,
las voces que nadie espera.
El atajo es una pequeña ventana,
al final del trayecto de la vida.
Desde donde puede verse más allá del mundo,
este mundo que no es más que un instante
en el origen del tiempo,
un pequeño brillo de luz del infinito.
El resto es terreno umbrío,
lleno de pasos errantes,
de aleteos escapando.
En la curva convexa de los ojos,
adivino el bochorno del asfalto reciclado
que andamos a diario,
la incertidumbre de los porvenires.
Que inocente hemos sido.
Quién podrá juzgar la ignorancia?
Quién habrá podido adivinar que el viaje era hacia adentro,
hacia uno mismo?
Hoy soy el futuro de mi pasado,
y no alcanzo a adivinarme en aquella afanosa imagen.
Pero supongo que es bien probable
que tenga mi oportunidad de encontrar esa huella.
Porque no solo planté el árbol que me da tupida sombra,
lo regué y lo cuidé con esmero
y hoy lo disfruto.
Y no solo tuve un hijo,
también lo crié y lo eduqué con amor,
y le transmití todo lo que pude,
pensando que es la mejor forma de crecer,
de evolucionar.
Y no solo escribí un libro,
también lo publiqué.
Para que todos sepan
cómo es que intento llegar a esa pequeña ventana.
Y a esta altura,
que todo me pesa,
que todo me es incómodo,
siento que también me es útil
para dejar de andar cargando borradores.
Eduardo Humeniuk




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