
Te denuncio: Poesía
Valeria ElíasDesde niño me apasionó la poesía, y la elegí como mi manera de expresión tanto como estilo de vida. Asimismo me apasiona la pintura, y entre óleos, acuarelas y pasteles secos también siento que estoy plasmando poemas con un lenguaje de formas y de colores. Por momentos, soy feliz.

Su trabajo
En el sosiego
Hoy hemos visto el cielo del verano
demorado entre lluvias indecisas
y el sol que malnutría las acacias
con un rubor accidental y breve.
Repetían tus labios dos crepúsculos,
dos augurios de luz emancipándose.
Parecía tan lejos la tristeza,
tan nítido el amor y tan urgente.
Se derramaba el tiempo con ternura
por la encendida elipsis de las calles,
como si Dios midiera sus fatigas,
como si fuera el mundo a detenerse.
Quizá los pájaros acontecieron
sin saber que eran toda una evidencia,
desarrollando a gotas la nostalgia
por la volcada altura de diciembre.
Quizá debí tomarte de la mano
y explorar tu azorada geografía
mientras aún el día se inclinaba
hacia el dolor de su última intemperie.
En cambio, he zozobrado en el sosiego,
en las orillas lacias del sigilo,
y al pasar un gorrión sobre tu asombro
te he dicho: mira, el arco iris duerme…
Ariel Giacardi

Por una sola vez
La poesía no está en primera plana,
casi nunca es noticia,
porque, claro, no estalla, no malnutre,
no agoniza en urgentes hospitales
ni lucra con los órganos de nadie,
no amanece sangrando, no asesina,
no se roba un millón, no se postula
a la vicevergüenza, no protesta
cuando un golpe de pan exasperado
le conmueve las vísceras.
La poesía no está en ninguna tapa
porque no tiene pechos como nardos
ni se pone vestidos espantosos
(pero eso sí: carísimos)
y desde luego nunca estuvo en Bosnia
viendo caer la tarde
pero muerta
sobre un lecho de uñas como esquirlas.
Tampoco se parece a los ministros
ni a los embajadores del ocaso,
no vende sueños, no regala nada,
no está bajo sospecha, no compra su albedrío,
no le arranca la venda a la justicia.
Pero sería hermoso abrir el diario
y enterarse de que en alguna parte
ha hecho impacto el misil de una metáfora
conmocionando el talle de la inercia;
sería todo un vínculo
que nos matara un golpe de elegía,
escuchar en la radio que el gobierno
de un país sin cesuras militares
invade a su vecino poco clásico
con acentos internos,
sinalefas de salva,
con el vuelo rasante de una lira.
Sería, digo, todo un precedente
asustar con una oda,
con el ojo parcial de alguna elipsis,
con la nariz de un verso
a los cronistas,
que marcharan de a ocho los soldados
a paso de romance
por calles de papel, con una endecha
y un ex libris de viento por insignia.
Sería todo un cambio de estrategia
llorar con veinte lágrimas pareadas,
estornudar un juicio consonante
sobre el arte mayor de tus caderas
y que a nadie le importe
lo que diga la crítica,
y ver a los campeones de la usura
por una sola vez (y por ejemplo)
por una sola vez
contando sílabas.
Ariel Giacardi






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