
En la luz de la noche
Valeria Elías
Como Investigador becado por la Provincia de Santa Fe relevó las escuelas de títeres del país, tarea plasmada en una publicación sobre la formación de titiriteros en Argentina y elaboró un manual para la formación en la especialidad, actividad que desarrolló por diez años al frente de la Escuela de Títeres de la Fundación Banco BICA. Colaboró en la reactivación de la UNIMA Argentina (Centro Nacional de la UNIÓN INTERNACIONAL DE LA MARIONETA, la organización mundial más antigua dedicada a las artes escénicas) en los años ’80, entidad en la que ocupó la Secretaría de la Zona Litoral, la Secretaría Adjunta y la Nacional. Fundó y dirigió durante varios años la revista Títeres. Fue Consejero por Argentina en la UNIMA Internacional. Formó parte de su Comité Ejecutivo y Presidente de la Comisión para América Latina durante varios períodos. Integró la Comisión Educación, Desarrollo y Terapia, como miembro correspondiente por Argentina.
Su actividad creativa se ha centrado especialmente en la poesía y el arte de los títeres, que cultiva con su esposa, María Cristina Pepe y el grupo El Retablo de las Maravillas, que dirige.En los últimos 27 años, en su sala El Retablo, en el sur de su ciudad natal. Su tarea investigadora está plasmada en revistas especializadas y en una historia de la Literatura para niños en Argentina, en proceso de publicación.
Sus escritos
Noche (canción)
La luna es un barco
hundido en el mar;
todos sus tesoros
perdió al naufragar.
Rodaron monedas
por el fondo azul,
diamantes y perlas
del norte hasta el sur.
Brillan en el lecho
profundo del mar.
¿Quién podrá algún día
hasta ellos llegar?
Solo se oscurece
su brillo estelar
cuando las ballenas
vienen a pasear.
El barquito hundido
cambia de color,
del oro del casco
al blanco esplendor
de sus blancas velas
que va a desplegar
porque sus tesoros
quiere rescatar.
Durante la noche,
por la oscura mar,
solo unas monedas
puede recobrar.
Y se pierde triste,
triste por el sur
cuando un sol de fuego
ciega el cielo azul.
Oscar Horacio Caamaño

La noche lIegó callada
La Noche llegó callada
a su casa en la Colina,
por un camino de estrellas,
por un sendero de espinas.
Espinas de plata y oro
las estrellitas del cielo
cuando la noche cargaba
dolor bajo oscuro velo.
“¿De dónde viene la Noche...”
Le preguntaba el Lucero
“…que trae de agua los ojos
y rojo de sangre el pelo?”
“Vengo de llorar mis males,
que ya no tienen consuelo,
porque el sol se apaga y muere
cada vez que yo aparezco”.
“¡No llores, princesa Noche!”
le decía un grillo viejo
con su violín de latita
sonando en un canto trémulo.
“El sol solo se ha dormido
cuando pasas por el cielo.
Despertará en la mañana
y lucirá traje nuevo”
La Noche ya se ha subido
hasta el techo de su casa
y mira el cielo a lo lejos
buscando encontrar la cama
en la que el sol se ha acostado,
en la que el sol ya descansa
de su paseo diurno
por esta antigua comarca.
“¡No lo veo! ¡No lo veo!”
gritaba desmadejada
con un grito blanco y frío
de luna desesperada.
“No llores princesa Noche”,
el grillo la consolaba.
“Ya lo verás renacido
si esperas que llegue el Alba".
La negra Noche se calma,
la noche negra se amansa
y se derrama de luna
por esos campos de plata.
"¡El Alba!" dice y se ríe
con risa celosa y áspera “
¡Pobre de esta Noche oscura
si a él lo despierta el Alba!
Conmigo se duerme y ronca;
con ella despierta y canta.
¡Cómo no he de estar celosa,
Grillito de voz de lata,
si a mi amado Sol se lleva
mi hermanita Blanca Alba!
He de arrojarme del Cerro,
me perderé en la montaña,
he de ahogarme entre las olas
de ese mar de aguas heladas."
Así decía la Noche.
más negra que fruta amarga,
volando sobre los vientos,
cubriéndolos con su capa,
cuando un rayo luminoso
vino a clavarse en su falda
y la detuvo en su salto
sobre las negras montañas.
“¿Qué quieres, Princesa mía,
mi Noche, la más amada?
Soy el Cielo que oscureces,
El Cielo que el Sol aclara.
Sin él no tendría día
Y sin ti, no sería nada.
¿No te valen mis estrellas?
y mi Luna ¿no te agrada?
Los rayos de mis tormentas
¿no conmueven tus entrañas?
¿no te encanta mi silencio?
y mis truenos ¿no te espantan?
¡Qué importa si el sol se duerme!
¡Qué importa quién lo levanta!
Yo soy el señor del mundo
¡Soy el Cielo, Dios me valga!
Y tú, la Noche más bella,
has de ser mi enamorada
AI llegar la Medianoche,
Cielo y Noche ya se casan.
Suenan campanas de luna
y cascabeles de plata.
Oscar Caamaño


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