
Literatura que cura y sana
Valeria Elías
Con un estilo distintivo sus cuentos y relatos, reseñan las vivencias cotidianas de una persona tensionada por el carácter inefable de la vida y el deseo de conferirle sentido, más allá del dolor, la tragedia y el absurdo.
Sus escritos
La noria
La rueda de madera gastada
gira lenta, sin pausa,
se llena de cielo, de agua,
recuerda cuando fue árbol,
una raíz que bebía en lo profundo,
cuando fue pródiga fronda abierta,
abrigo de pájaros, plena de nidos.
El viejo jumento camina muy lento,
sin pausa sigue la misma huella,
idéntico camino, igual horizonte
en cada hora de todos los días,
la mirada fija en el surco,
el círculo de su destino,
de su vida, uncido al yugo,
murmura el agua una letanía,
la partitura del alba y el ocaso
como un solo arpegio,
en la soledad y la monotonía.
La noria…
una metáfora de la existencia,
cuando la rutina es una rueda,
un peso que agobia el alma
prisionera del tedio,
en la impotencia sin sendas,
en la tristeza sin atajos,
en el transcurrir sin esperanza
por el mismo camino
desde el amanecer al crepúsculo,
idéntica la pena, vacía de sueños,
solo una densa espera
en la profunda cicatriz del anhelo,
herida que ya no sangra,
vasta es, la ineluctable derrota.
Neri René Trossero

El niño
Sale el niño al jardín con su alegría.
Siente que la vida es un juego, sin principio, ni final, sólo está la algarabía de hoy, que desconoce el ayer e ignora el mañana.
Con asombro mira, sobre el césped caída una calandria.
Se sienta junto a ella, con amoroso cuidado la alza, siente su cuerpecito rígido, frío, prisionero en la quietud de la muerte que no conoce.
La acaricia con ternura, suavemente le habla…
- ¿Por qué no vuelas pajarito?, ¿estás cansado, duermes todavía?
No hay respuestas, la inmovilidad lo desconcierta, intuye lo inevitable, lo que no tiene nombre.
La abriga contra su pecho, besa su pico, llora, le dice entre lágrimas, desde el candor de su inocencia…
- Es de día, hay sol, tienes que volar, cantar.
Pero son vanas las palabras, el silencio, la inefable quietud siguen allí, entre las plumas de la inerte avecilla se quedaron.
Con trémulos labios, sobre la doblegada cabecita murmura…
- Ya sé, estas enfermita, pero yo te voy a curar.
Con sus tibias manitos la abriga, la mece muy quedo, le cuenta…
- En un ratito estarás muy bien, ya verás.
En ese mecer estaba, cuando siente un leve estremecimiento entre sus dedos.
Las plumas de la cola se mueven como en un saludo.
Ve los redondos ojitos que se abren, en ellos se refleja el sol, su sonrisa, aquella nube.
La besa nuevamente, abre sus manos, levanta los brazos y… contempla su vuelo.
Ríe el niño, es feliz… sin misterios… sin explicaciones… solo es feliz.
Neri René Trossero





Comienzan las lecturas vespertinas y nocturnas: Festival Internacional de Literatura de Santa Fe











