
De voces y silencios
Valeria ElíasMe gustan las lunas, el río, las cosas que se mueven, las gentes que saben compartir. Me espanta un poco el mundo actual.

Su trabajo
Toward an acoustic of time
Esta voz que aquí está no estaba todavía
en aquella tarde un poco olvidada
cuando ella me decía
del terciopelo y el vino y las palomas
que vivían en otra voz (la de su amiga),
y esa voz de sombría dulzura que yo aún no conocía
ya era presente aquella tarde,
cuando una evocación la florecía.
Y estas voces que estoy tocando ahora
aquella tarde -aunque yo no lo sabía-
se estaban acercando nube a nube,
espejo por espejo,
día tras día.
Estas voces atravesaron los años con su aliento
para vibrar justo aquí, en este justo momento,
trayendo sus esperanzas, margaritas y silencios,
sus pájaros y sus niños, sus aires y sus acentos,
la borra del café donde anida el pasado
arropando en sus trapitos el recuerdo,
las canciones que se están desperezando
y las que ya se repatriaron al silencio,
los viejos amores que por allí siguen estando,
los viejos amigos que ya no volvieron,
las casas donde serán felices algún día,
el puente de piedra húmeda donde justo anoche sufrieron.
Cuando sea más grande mi hija voy a contarle este secreto:
las voces, le diré, he descubierto,
no son ondas en el aire ni corpúsculos de miedo
como creen esos astronautas que viven y mueren en el desierto,
ni vibraciones vagas como postulan los insectos
ni cajitas blandas que guardan el alma de las cosas
como enseñaba mi maestro;
las voces, le confiaré, son memoria de ayer y horizonte de mañana,
las voces, en realidad, están hechas de tiempo
(y memoria y mañana no son sino otro nombre
del instante perfecto).
No te olvides nunca, hija, le diré:
el cuerpo de las voces es el sonido del tiempo,
y en ese río interminable fluye,
corriendo alocada y lentamente,
la bailarina quietud del universo.
Fabián Pínnola





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