
Entre el bullicio de los pasillos de FITUR en Madrid (Feria Internacional de Turismo más importante del mundo y punto de encuentro global para los líderes de la industria) y las miles de reuniones de negocios que definen el rumbo del sector, flota una pregunta que bien podría ser un dilema shakesperiano moderno: Ser o no ser sustentable. Y aquí me detengo, porque el secreto no está en la palabra sustentable, sino en el verbo SER.












