
"El que es virtuoso, es sabio, el que es sabio, es bueno, y el que es bueno, es feliz". Boecio
Valeria Elías
Su interés por el saber y la cultura han sido constantes. Miembro de la Asociación ARGOS de Estudios e Investigaciones Científicos, ha estado a cargo de proyectos de investigación, algunos avalados por el CERIDE, varios de ellos vinculados a los pueblos indígenas y sus culturas.
Su compromiso en la búsqueda del bien común, una muestra de ello es el nombramiento de Embajador de Paz, otorgado por la Fundación "Mil Milenios de Paz" y la Fundación "Paz, Ecología y Arte", que recibió en el Senado de la Nación Argentina (2016).

Su trabajo
La Virtud (extracciones)
El dominio de sí
En todas las épocas, el mundo presenta como los más altos valores aquello que degrada al ser humano. Posicionado ante estos antivalores, tales como el hedonismo, la avaricia, la soberbia y tanto otros, superarlos requiere el autodominio que permite vivir en base a una escala de valores que de preeminencia a lo espiritual, sin negar lo material.
La renuncia a los placeres sensibles no está dirigida a la supresión de la alegría de vivir; por el contrario, la formación del carácter tiene por objeto conseguir el dominio de sí propio para alcanzar la felicidad, en base a la búsqueda constante de lo moral, lo bello, la verdad, el bien, lo sublime. Es decir, de aquello que otorga sentido a la vida humana.

Unidad de la vida virtuosa
En la cotidianidad de sus acciones, el ser humano debe evidenciar la unidad de la virtud. Es inadmisible la limitación a uno u otro de sus aspectos ya que no es posibleescoger los actos virtuosos que se pondrán en acto.
Obviamente el orden moral o ética social, no es pasible de fragmentación caprichosa o interesada: estamos obligados a ejercer simultáneamente todas las virtudes.
Que la persona se decida a favor o en contra del valor conocido como superior,depende de la actitud moral que adopte. Si está abierto a los valores, ante una decisión ética, ya estará inclinado a preferir el comportamiento valioso.
Podemos decir, entonces, que la Virtud es la constante propensión a realizar valores morales. La virtud, por tanto, es una actitud interior de la persona en cuanto ser moral.
En ello se revela el nivel axiológico de su ser, la medida de su bondad moral.
Hace algún tiempo, la virtud estaba desvalorizada. Friedrich W. NIETZSCHE (Röcken, Prusia, 1844 – Weimar, Alemania, 1900) había contribuido a su merma pues solo veía en ella debilidad y decadencia.
De la ética de Immanuel KANT (Köningsberg, Prusia, 1724 – Köningsberg, 1804) afirma Nietzsche que la virtud y el deber “son quimeras a través de las que se manifiesta la decadencia, el último agotamiento de la vida...”
Max SCHELLER (München, Alemania, 1874 – Francfort del Meno, Al., 1928) se ha esforzado en rehabilitarla. Mediante su método fenomenológico ilumina intensamente la idea que representa la palabra virtud.
De ese modo desvanece los preconceptos con que aún la enfrenta el pensamiento de poca hondura. El alma de la virtud es la voluntad dirigida hacia el bien, o como también podemos decir, la voluntad dirigida hacia el valor: toda virtud nace de la experiencia moral del valor y del amor al valor.
El contenido de la virtud es axiológico y por eso podemos referirnos a valores de virtud.
Aspirar a la virtud significa, entonces, aspiración al valor, esfuerzo dirigido al aumento de los valores de la personalidad, para alcanzar su plenitud axiológica.
Juan Carlos Alberto






"Te quise, te quiero y siempre te querré" de Beatriz Torregrosa Campos






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