
El escritor es un escribiente de la vida, el amor y la muerte
Valeria Elías
Los escritores somos historia, somos el pasado, el presente y el futuro de la sociedad. Con mayor o menor trascendencia dejamos huellas imborrables en la sociedad, un panfleto, un libro, un blog, algo siempre queda, hasta la carta de amor que nunca fue entregada.
El escritor, goza de una capacidad única e indiscutible, sabe, conoce y entiende la palabra, pero también, lo es con el silencio.
Es por esto, que la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) fue la entidad que estableció la fecha de nacimiento de Leopoldo Lugones, el 13 de junio, como el "Día del Escritor en Argentina", en reconocimiento a su contribución a la literatura nacional.
Desde temprana edad, a Leopoldo, su madre inculcó en él tanto la pasión por la lectura como la disciplina laboral, aspectos fundamentales en su posterior desarrollo intelectual.

Persiguiendo su objetivo de ser un gran escritor, Lugones decidió unirse a la Sociedad Argentina de Escritores, compartiendo encuentros con destacados intelectuales de la época, como Horacio Quiroga, Alfonsina Storni y Baldomero Fernández Moreno. Sus primeros pasos como escritor fueron bajo el ala del periodismo, desempeñándose como redactor en el periódico anarquista "El Pensamiento Libre".
Podemos decir que el escritor, es más que un bohemio solitario que lee, lee y escribe y escribe. Es una persona que también comulga con la sociedad, sus necesidades y demandas, es el denunciante de las injusticias, como el agraciado declamador de amor.
Un amplio mundo vive dentro de un escritor, sin importar que tan bueno esa, siempre estará en su sangre la necesidad imperiosa de contar, decir y callar, lo que existe y lo que no.






"Te quise, te quiero y siempre te querré" de Beatriz Torregrosa Campos







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