
Si alguien de los años 80 aterrizará hoy en alguna ciudad del mundo, probablemente pensaría que perdimos la cabeza. Miraría a su alrededor y vería algo inquietante: cientos de personas caminando por la calle hablando solas. Algunos discuten, otros hacen preguntas y muchos les cuentan intimidades a un interlocutor invisible.















