
Entre ensueños y deseos
Valeria Elías
Ahora, que escribo esta presentación (acaso biográfica), me vuelven las palabras de Jordi Virallonga, que alguna vez dijo: «Sospecho que mi vida es lo que no recuerdo». Me gustaría creer que algo de eso (eso, digo: la vida) surge, en cambio, en mis poemas. Lo que escribo no me define; sí me explora. No soy lo que digo; ojalá sea las cosas que hago para seguir diciendo. Espero el texto a continuación supla la evidente falta de estas palabras. Seré ahora más genérica: vivo, aún, en la ciudad en la que nací. Actualmente, soy miembro del grupo Epopeya (estudiantes de Letras), coordinadora del taller de lectura Aporías e integrante de la Comisión Directiva de S.A.D.E. filial Santa Fe.
Sus escritos
Historia del olvido
No puedo ser país
ni nación —
acaso un templo;
acaso tan solo el lugar del hallazgo
y de la falta bárbara
para que otro señale
el camino hacia el futuro
como quien abre una calle:
no con el asfalto
sino con su nombre.
En los frentes de las casas
los números
vendrán como vienen
los años
para leer la historia como algo
natural
o quizás
para hallar una forma más exacta
de decir ayer
o tan sólo
una forma menos inmensa
de decir: te amé
Seré ciudad entonces
(país: no pasado
sino historia)
el día que pueda nombrar la noche
en que la vida dejó de suceder
para ser
un acontecimiento
minúsculo e implosivo
e incompleto
como una forma del singular.
Habré armado mi alfabeto
el día que pueda
nombrarte
y hacer de vos una referencia
como otra forma de ubicación
y hacer de esa noche una noche
lo que es decir:
para siempre la misma noche
y así cesar, acaso
(cesar, ojalá)
los trabajos del recuerdo.
Todo esto debo hacer
para decirte
en la superficie de lo cierto
donde toda falta se sella.
Todo esto para fundarme
como otro país
sobre las treguas del olvido.
Josefina Sánchez Lecumberri

Los anónimos
Nadie los ve andar por la ciudad
ahora que han aprendido todas
las formas puras del no
No volverán las golondrinas
y nadie será poesía
No caerá ningún libro
de las manos de Adán y Eva hasta
las de Paolo y Francesca
No hay nostalgia que los pueda ya
soñar
Los amantes son
todos los nombres
que se han dicho mutuamente
sobre algún escenario
El papel es tan fácil
como corregir la palabra “disfraz”
para llamarlo uniforme
y, cuando se dan cuenta,
quererse es aprender a hablar
y decir adiós es decir
“gracias”
y “ojalá”
En una vereda, alguien
mira a una mujer
como si fuera un hombre de verdad
Ellos, que no caminarán
ninguna ciudad
agobiados por un presente
implacable
vertical
donde todo lo que existe es
pronunciable
y no existe todo lo demás
el amor es un acto del lenguaje
y ellos
no son ellos
sino el eterno duelo del vos y yo
para jugarse de a turnos
hasta olvidar sus nombres
Los amantes, vos y yo
Las ciudades, vos y yo
Y quién podrá decir ahora
quién es
y quién no es
en un mundo que se extingue
a su alrededor
En presente
no hemos sido
ni seremos
vos y yo
Cuando de todas las cosas
se haya dicho también: “Troya fue”
Entonces, nadie nos verá andar
porque, ¿quién quedará de pie
para voltearse a vernos
por ninguna ciudad?
Y quién sabrá que hemos existido
si los amantes jamás soñados
vos y yo
de nuestros nombres despojados
vos y yo
se amarán como nadie antes ha osado:
se amarán hasta el olvido
Josefina Sánchez Lecumberri


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