
Hidrografía Naval.
Valeria Elías
Sentí entonces la necesidad de compartir lo vivido, con la intención de acompañar y ayudar a otros padres que también han pasado por el inmenso dolor de perder un hijo. La escritura se convirtió en una forma de sanar. Porque, aunque la partida de un hijo jamás se supera por completo, poder transmitir este mensaje de esperanza que la vida continúa y que el amor nunca desaparece, se transformó en mi propósito de vida.
Su obra
“El juguete”
Dios nos da, en esta vida, un pequeño juguete a cada uno de nosotros.
Ese juguete se convierte en el más amado.
Cuando lo recibimos por primera vez y lo tenemos en nuestros brazos, lo miramos...
y no entendemos nada.
Ese pequeño juguete apenas se mueve... pero empezamos a sentir amor por él.
Con el tiempo, el juguete comienza a crecer.
Balbucea “mamá”, “papá”.
Por ese juguete damos todo, lo cuidamos con el alma para que no se nos rompa.
Pero los años pasan.
Mi juguete... ya no funciona como antes.
Dejó de caminar.
Ya no sonríe como solía hacerlo.
Ya no balbucea.
Lo llevé a reparar... y me dijeron que mi juguete no tenía arreglo.
Un día... mi juguete se rompió.
Y tuve que guardarlo en una caja...
para toda la eternidad.
Ricardo Venetz

Papá
Papá, ya casi se cumplen cinco años desde mi partida... aunque debo recordarte
que fue solo física.
He estado a tu lado en cada momento, observándote en silencio.
Déjame decirte que he visto cómo llenaste la palanca de cambio de tu auto
con las banditas que vienen en los ramos de flores que me llevaste.
Te he escuchado hablarme, pedir que cuide de la familia.
Te escucho cada noche cuando rezas por mi descanso en paz.
Veo cómo cada noche besas mi foto en tu dormitorio.
Te vi aquel día en terapia intensiva cuando entraste a despedirte de mí.
Me miraste en silencio, sin derramar una lágrima.
Antes de irte, me palmeaste el pecho... y luego te fuiste.
Déjame decirte que no me he apartado de ti desde entonces, cada vez que miras
a tu alrededor y te preguntas: hijo ¿estás aquí?
Sí, papá, estoy ahí. Siempre te observo.
Papá, lo sé todo. Conozco lo que piensas... a veces hasta me sorprende tus
pensamientos.
Ten paciencia. Disfruta la vida. Los años en la tierra no se comparan con la
eternidad.
Aquí, entre las almas que me acompañan, les cuento que tengo un libro en la
tierra que habla de mí, que cuenta mi historia... gracias a ti.
Ricardo Venetz















