
Un delicado viaje
Valeria Elías
Diría que ante todo soy periodista. Que tengo alma de periodista. Creo que voy por la vida “entrevistando” gente todo el tiempo. Y como un proceso natural, toda esa información acumulada después se convierte en escritura. Durante años trabajé en distintos medios de comunicación, no sólo en la gráfica, también en la radio que es otro de mis amores. Aquí y allá. De este y del otro lado del océano. Es que provengo de una familia de inmigrantes suizos y ese hecho no pasó desapercibido para mí. Al contrario, puedo decir que desentrañar las subjetividades que llevaron a mi familia a emigrar, se convirtió en una especie de obsesión. Así que me “embarqué” en una búsqueda exhaustiva de mis orígenes, de la genealogía familiar, de costumbres y tradiciones, de historia y de tanto más. Entonces la literatura se me hizo necesaria bajo la premisa de “contar para no olvidar”. Varios libros tuvieron que pasar para dejar bien claro que el tema de la inmigración es apasionante e inacabado. (Prueba de ello es que sigo investigando y escribiendo sobre el tema). También en el recorrido pude contagiar a otros y animarlos para escribir sus propias historias, primero dictando el seminario “Inmigración y Narrativa” por distintos lugares de Santa Fe y Entre Ríos y luego a través de la edición en la “Colección Inmigrantes” que dirigí en la Editorial de l’aire de Santa Fe.

Algunas letras
“Baúles y llaves" (Extracto de “Hacer la América, un anhelo utópico entre objetos y sujetos”)
María
María está de pie frente a su baúl. Todo lo que queda de su mundo se encuentra dentro de él. No hay lugar para montañas, para bosques, ni atardeceres en el arroyo. No hay espacio para las caricias de su madre, ni los abrazos de sus hermanos. No hay lugar. Ni siquiera un pequeño escondrijo entre sus ropas para el sabor del queso calentado al fuego, ni el sonido de la brisa entre los pinos, o el tañer de las campanas de su Iglesia. No hay sitio para el perfume a violetas de la última primavera que ya pasó y no volverá, ni siquiera un rincón en el que se unan las palabras que ya no podrá escuchar.
¿Qué otras cosas voy a necesitar?, se pregunta María. Imagina, sólo imagina un lugar y un tiempo en el que nada se pueda extrañar, mientras cierra su baúl con una llave que viaja adosada a su corazón”.
Susana Andereggen


"Te quise, te quiero y siempre te querré" de Beatriz Torregrosa Campos





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