
Historia e intimidades
Valeria Elías
Esa experiencia de charlar con varios de ellos sobre autores y géneros hizo que me inclinara hacia la poesía y más adelante también, hacia la narrativa.
Escribo y disfruto escribiendo. Me acompaña la música de Richard Clayderman mientras sobre el escritorio sigo sumando un mini más, a la colección de mini libros (mi hobby preferido).
Escritos
Tiempos de mar
Dorada
húmeda
la superficie
de tu cuerpo.
Momento sumado
al cuadrante
de la vida
bajo un sol vertical
que abrasaba.
La brevedad
de tu paso
se zambulle
en el mar
de mi memoria
y emerjo
una vez más
sobre tu piel
bajo tu piel
de arena.
María Elena Mazzei

Manuela
Hace un año que estoy postrada en la cama, soportando esta penosa enfermedad.
Entre el claroscuro de la pesada cortina que cubre parte de la ventana, un rayo de sol penetra hasta llegar a mi cara. Esa pequeña e insistente tibieza sacude uno a uno los recuerdos.
Tengo un nombre tan largo, como largo fue el andar de mi padre por los campos de la patria. Me llamo Manuela Mónica del Corazón de Jesús Belgrano Helguero, nacida en Tucumán.
No falto a la verdad si digo que todo lo que sé de mi padre lo aprendí de mis tíos, sus hermanos. Siempre conocí todo de él hasta el gran amor que vivió. Ellos cumplieron minuciosamente con todo lo pactado.
Cinco años, solo tenía cinco años cuando llegué a Buenos Aires. Él ya había partido de este mundo.
Aquí crecí, aquí me afinqué para nunca más volver.
Se dijo de mí que era dulce e inteligente, que se habían ocupado de educarme con esmero. Creo que así fue, aunque debí luchar más de una vez contra mi genio impaciente, fui querida y respetada.
Bernardino Rivadavia vino varias veces a visitarme en tiempos en que la juventud rebrotaba en cada aurora.
Le gustaba pedirme que me parara junto al retrato de Manuel Belgrano y así asombrarse del parecido físico que yo tenía con mi padre.
El tiempo se encargó de que pudiera acunar tres hijos junto a mi esposo Manuel Vega Belgrano, un pariente lejano de mi familia paterna.
Y hoy, aunque las primeras sombras llegaron envueltas en una pertinaz llovizna, sigo en esta habitación anudada entre las sábanas.
Puedo decir que he sido tan feliz, como me lo permitió la vida.
El dolor y el cansancio ya quiebran mis huesos.
Siento que el andar de la memoria quedará por siempre tallada en esta casa.
María Elena Mazzei






"Te quise, te quiero y siempre te querré" de Beatriz Torregrosa Campos



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