
Hondo, profundo, río
Valeria Elías
Soy un escritor urbano, me gusta usar el humor y la ironía. Soy un observador de la realidad y la cuento conforme me llama la atención, a veces ficcionando, otras contando lo que veo. Escribo, supongo, que porque tengo algo que decir . Además, para mi, es un gran psicólogo y me permite estudiar la sociología del hombre. Todos los días me sorprendo con lo que descubro
Escribiendo
El mate cumple con la consigna social de acompañar la contemplación.
El río se mueve lento, el agua está escasa desde hace algunos años, los más apocalípticos dicen que nunca volverá a su altura normal.
Los caprichos de la naturaleza son absolutamente ajenos a la voluntad del hombre aunque este cree que la puede dominar.
Pobre y estúpida es la soberbia. Está demostrado que con solo medio plumazo todo será distinto y muchas veces peor.
Miro mi tiempo que se escurrió como el agua, veo pasar las ilusiones, los triunfos y los fracasos.
A pesar de la tecnología Eráclito, hace miles de años, lo vio en un río similar y sintió la misma nostalgia.
Resulta extraño pararse y mirar. Saber que todo es incertidumbre, que no importa lo que planeemos o lo guerreamos, la vida nos dará y quitará según las fichas que movamos.
No somos ajenos a los movimientos pero si somos ignorantes de las consecuencias de esos giros.
Mañana seré otro, pero seré el mismo como lo he sido siempre, uno con su destino que se escribe con frases aún no inventadas.
Uno que se repite interminable con los mismos conflictos y que se desangra de pasiones.
Mañana será mañana pero hoy es ahora.
Billy Boldt

Del Cavitador a la Encía
Un orgasmo imposible.
Un orgasmo es una explosión de placer que nos brinda el cuerpo, que además de lo erótico produce una descarga de tensiones y emociones hasta el agotamiento.
Suspiros, contracciones, el cuerpo se desinfla, la mente se apaga.
¡El cavitador es todo lo contrario, el alma, el aire, la respiración, la sonrisa se tensa, se crispa, comenzás a transpirar, se te ponen los pelos de punta, se te frunce el culo!!!
Ustedes se preguntarán ¿qué es el cavitador?
Muy sencillo, es un limpiador de sarro ultrasónico que tira agua y produce una sensación espantosa semejante a una uña rayando un pizarrón. Es uno más de los elementos utilizados por ese señer (por esa cuestión de género), que te espera, de chaquetilla blanca y una sonrisa maligna, con linterna en la frente, te acuesta en un sillón y te pone en la cara una lámpara de interrogatorios de la KGB, y en un tono coloquialmente fingido te dice:
Abra la boca –
En ese momento comienza un viaje sin retorno hacia el infinito mundo del averno.
Lo más sencillo es cuando pone el espejito y te ataca con el explorador que mete en el puntito negro de la muela y haciendo presión pregunta:
¿Duele? –
Vos quedaste colgado de la lámpara o los dedos clavados en el techo, un chorro de corriente atravesó tu cuerpo y con hilito de vos contestas que un poquito.
En ese momento, como un mecánico del equipo Ferrari comienza el proceso de armado, abre cajoncitos diminutos y selecciona mechas y puntas que luego meticulosamente prueba en el cabezal de la turbina y la hace andar.
Si te quedaba algún pelito anal sin quemarse, ese es el momento de que se chamusque. La traspiración te corre por la espalada y el sudor frío te perla la frente.
Vamos a poner un poquito de anestesia para que no le duela – dice.
Toma la jeringa metálica y con una aguja que podría llegarte hasta el esternón inyecta la anestesia.
Varias horas después, en tu casa, sentirás como el tuco se chorrea por ese costado de la boca dormida, el labio hinchado como el de Graciela Alfano, pero de un solo lado y más insensible que el inspector de la AFIP.
Triunfante el escultor de dientes acomete contra la caries. La turbina vibra a miles de revoluciones por minuto y tira agua. A pesar de la anestesia uno ya deformó el posamano del sillón con la tensión de los dedos, mientras pusieron el televisor con imágenes de Dubái y la Polinesia.
Si hubiesen puesto el canal de los misiles rusos a Ucrania sería más acorde a la situación.
De pronto se detiene, se levanta la linterna con espejo y anuncia:
Vamos a sacar una radiografía para ver las raíces –
Te da una plaquita que entra en un dedo y te hace sostenerla contra el diente y se escapa a la otra pieza para apretar el botón, por la radiación dicen.
Lo cierto es que ese es su momento, en la otra pieza tiene un televisor enfocado a tu cara y tiene el tiempo suficiente para cagarse de risa.
Estás colorado, los ojos cerrados, todo mojado, el labio hinchado y caído hacia un costado con un dedo en la boca, solo falta que metan el otro en el culo.
Incluso imaginan que tiene en el sillón al jeque más rico del mundo o al político más odiado, indefenso y dispuesto a hacer el perrito si se lo pide, con tal de que termine de torturarlo, y más se caga de risa en la otra pieza.
Vuelve con cara de circunspecto, habiéndose secado las lágrimas, mirando una radiografía liliputiense y dice:
Vamos a tener que hacer un conducto –
La anestesia ya está, pero no es suficiente, esta vez te pincha dentro de la muela.
Después te pone una goma con una abrazadera que agarra el diente y un cañito que supuestamente aspira la saliva.
En el canal del televisor los pescaditos de colores recorren un Galeón hundido con música suave y uno resignado espera que algún alma caritativa habilite una de los cañones para tirar desde el televisor y desintegrar al dentista. Él, imperturbable, escarba con unas mechas el interior del diente y trepana como buscando petróleo.
Finalmente, satisfecho, comienza a preparar la mezcla de Poxipol con Klaukol para tapar la muela.
Ese es tu mejor momento, sabes que termina la sesión y a pesar de la baba, la comida chorreada, el labio lastimado de tanto morderlo, para ver si volvió la sensibilidad, pasaste otra prueba en tu vida que se tornará en un momento olvidable.
Igualmente, gracias, porque mucho peor es el dolor de muelas. (ese debería ser el slogan del colegio de Odontólogos).
Billy Boldt



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