
La vecindad literaria
Valeria Elías
JC Ramirez, estudió letras e indaga en las cotidianidades de la vida.
Su escrito
En la calle
Literalmente, Samuel y su hija Eliana quedaron en la calle. Sin embargo, él sonríe y hasta se regocija en la situación. Su hija no lo entiende, no frente a sus empobrecidas circunstancias: abandonar actividades, afrontar los caminos a pie, mudarse a una casa prestada, esperar que su padre consiga trabajo. Eliana resopla, su padre vuelve a sonreír, piensa que nunca le explicará el motivo de su satisfacción a ella, ni a nadie.
Su socio y contador le robó todo; con papeles, en un solo acto y de una forma legal le arrebató las posesiones y su credibilidad ante los colegas. Hay artimañas que permiten reorganizar las reglas del sistema y hacerles transgredir el objetivo para el que fueron creadas. Para los contadores, el sistema puede ser superado con un plan maduro y la sola intromisión de un signo, una simple frase firmada por el patrón.
Samuel sonríe, recuerda la mañana en que se hallaron en la calle, la mañana que llegó el telegrama con la agradable noticia de que su socio lo había engañado y que de ese modo había perdido su capital, su propio auto, la empresa y hasta su casa. El insólito aviso, el telegrama de ese contador, había sido conciso, decía: “Gracias por todo”. Samuel lo interpretó correctamente.

Ahora, sentado en la vereda mira a su hija con alegría, piensa en ese “Gracias por todo” del estafador y en las frases que tantas veces se dicen sin entender su valor, su sentido cabal, su poder. Siente que al decir “Buen día” se dibuja en el aire una onda con forma de sonrisa que se expande por la ciudad; imagina que cuando frente el altar dijeron “Sí, acepto” con su difunta esposa, dos medialunas de luz se cerraron en un círculo que los abrazó para siempre. Sin embargo, ahora sabe que habló con entera sinceridad y convicción solamente una vez en la vida: la mañana en que recibió el telegrama, la mañana en que su única hija murió al caer del segundo piso de su casa.
Samuel esperaba en su oficina la resolución de un gran negocio para el que había firmado un poder total a su contador, y sabiendo al riesgo que se había expuesto se distrajo planeando cambiar de yate, pero escuchó un golpe seco venido de la sala. Eliana había caído por la baranda de la escalera y no daba señales de vida. Él trató de hacerla reaccionar, llamó a una ambulancia, la abrazó contra su pecho, y pasados diez minutos de una espera desoladora supo que no serviría de nada que llegaran los médicos. Se pegó a su rostro, las lágrimas eran un solo río que se iba con ella. Todavía escucha el silencio después del golpe, recuerda la sensación que le produjo el cuerpo de su hija resbalándosele de los brazos y el desconsuelo al sentir esas tiernas mejillas enfriarse poco a poco.
Mientras la abrazaba sin dejarla ir soltó el llanto y con una perfecta coordinación de pertinencia, formulación y real deseo pronunció la frase: “Daría todo por retenerla”. Entonces sonó el timbre y recibió el telegrama del contador: “Gracias por todo”.
Ahora, de pie y en el camino, mirando a Eliana entrar unos bártulos regalados a la casa prestada, sonríe y en voz baja corrige: “Por nada”.
Juan Carlos Ramírez







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Turismo01/04/2026








